Proceso instalación




“Vasto: Infinitud del espacio íntimo” – Inspiración: G. Bachelard

Una escalera imposible, un pequeño lugar, tal vez una puerta pero siempre una ventana… sobre todo un espacio por descubrir.
El hogar, basado en la idea de albergar y contener, es una búsqueda variable e incesante de espacios para guardar, visitar y recorrer.

Espacios-casa: rincones para encontrarse, recovecos para ocultar y develar.

El aparente silencio de una quietud simulada se llena del visitante, entrar al espacio instalado es entrar a la obra, entrar a la obra es entrar a la casa (o salir de ella).
¿Qué recorremos?

Vuelvo...

El dibujo me permite no solo imaginar sino concretar, realizar, ponerme en acción, sentirme poderosa y también vulnerable.
Pero vuelvo a la fuerte idea de imaginar: me reconozco fantasiosa, eternamente adolescente, ingenuamente crédula, tremendamente ilusa y el dibujo me deja ser así. En el espacio del punto y la línea no hay conflicto, todo es. Cada vez que me sumerjo en el infinito cosmos de papeles y colores me cuesta volver, igual vuelvo, a veces con alegría en el corazón, como una niña que recibe su mejor regalo, el más esperado; y otras veces, vuelvo, simplemente.
Ahora espero, espero como quien espera un sí como respuesta. Espero por las noches y durante la tarde. Sueño y me voy muriendo esperando. Esperaré. Esperaré que sane la palabra de amor y no dejaré que cierre del todo la herida provocada por la ausencia. Moriré esperando, tal vez, muera esperando… Esperanzada y muerta.

(A Margot)
El futuro

Y se muy bien que no estarás.
No estarás en la calle
en el murmullo que brota de la noche
de los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia los completos en los subtes
ni en los libros prestados,
ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños,
en el destino original de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás,
o en el color de un par de guantes
o una blusa.
Me enojaré
amor mío
sin que sea por ti,
y compraré bombones
pero no para ti,
me pararé en la esquina
a la que no vendrás
y diré las cosas que sé decir
y comeré las cosas que sé comer
y soñaré los sueños que se sueñan.
Y se muy bien que no estarás
ni aquí dentro de la cárcel donde te retengo,
ni allí afuera
en ese río de calles y de puentes.
No estarás para nada,
no serás mi recuerdo
y cuando piense en ti
pensaré un pensamiento
que oscuramente trata de acordarse de ti.

Cortázar
Hablás de un sueño, de un bretel, de un tipo, de un pecho, de un beso, de otra dimensión. Podría ser yo esa chica que se duerme cuando a vos te desvelan excesos y susurros…
No soy yo la que inspira… pero dibujo.

Baudelaire - amigo -

El deseo de pintar
¡Desdichado tal vez el hombre, pero dichoso el artista desgarrado por el deseo!

Ardiendo estoy por pintar a la que tan raras veces se me apareció para huir tan de prisa, como una cosa bella que se ha de echar de menos tras el viajero arrebatado en la noche. ¡Cuánto tiempo hace ya que desapareció!

Es hermosa y más que hermosa: es sorprendente. Lo negro en ella abunda; y es nocturno y profundo cuanto inspira. Sus ojos son de astros en que centellea vagamente el misterio, y su mirada ilumina como el relámpago: es una explosión en las tinieblas.

La compararía a un sol negro si se pudiese concebir un astro negro capaz de verter luz y felicidad. Pero hace pensar más a gusto en la luna, que indudablemente la señaló con su temible influjo; no en la luna blanca de los idilios, semejante a una novia fría, sino en la luna siniestra y embriagadora, colgada del fondo de una noche de tempestad y atropellada por las nubes que corren; no en la luna apacible y discreta, visitadora del sueño de los hombres puros, sino en la luna arrancada del cielo, vencida y rebelde, a quien los brujos tesalios obligan duramente a danzar sobre la hierba aterrorizada.

En su estrecha frente moran la voluntad tenaz y el amor a la presa. Sin embargo, en la parte baja de ese rostro inquietador, donde las móviles aletas de la nariz aspiran lo desconocido y lo imposible, estalla, con gracia inexpresable, la risa de un boca grande, roja y blanca y deliciosa, que hace soñar en el milagro de una soberbia flor abierta en un terreno volcánico.

Hay mujeres que inspiran deseos de vencerlas o de gozarlas; pero ésta infunde el deseo de morir lentamente ante sus ojos.

De "Pequeños poemas en prosa"

De la serie "Miopes"



"Miope n° 1" - 2011 - lápiz acuarelable y lápiz color sobre papel
Pasó que nos confundimos:

El deseo se nos confundió con ilusión,
las palabras con música,
los dibujos con promesas,
los halagos con verdades,
los infinitos silencios con besos.

Si no se hubiera mezclado
lo posible con lo prohibido
seguramente nos hubiéramos visto
a los ojos
y nos hubiéramos mirado
un mínimo rato
y hasta nos hubiéramos dicho
“te quiero” y “yo también”
en una de esas calles,
cualquiera.

Lo indecible


Hay palabras
Que quedaron en un cuaderno
de hojas lisas, donde en las tapas negras
escribí la palabra casa
y la palabra noche,
porque sí.
Hay palabras que quedan ahí,
guardadas.

Nada pronunciaré de eso.
[Nada será dicho]
Quedaran como esos amores de provincia
que nunca fueron declarados
o han sido después,
inútiles.

(Anónimo)