Retiro de otoño (2)
Si es
que vas a volver…
para decir lo mismo o para no decir nada,
para armar escenarios de gloriosas poesías,
para dar besos y olvidar los pasos,
si vas a volver así y para eso
mejor me retiro yo
a cualquier otoño frío y emparchado.
Y verbos azules.
No quiero para mí los veranos que sofocan
con rosados paraísos,
espejismos que se pinchan
como las indecisas y ácidas burbujas.
(.)
Retiro de otoño
Has pasado tus días de calor y fantasmas.
Y yo descansé en la alfombra de tu pasto
para elevarme ahora
sombría y consternada.
(fragmento con resaltador)
Luz y sombra...
Subir las escaleras. Permanecer ahí. Sentir con cierta claridad que lo más valiente es ser verdadera.
Realidad sin bordes
Hasta
los 13 años ví difuso. Quiero decir concretamente que veía “mal”, tenía ya una
miopía avanzada. Una miopía que nació conmigo, por lo tanto, para mí la
realidad era así: sin bordes definidos.
Con la
corrección oftalmológica gané definición, precisión, brillantez, nitidez y
límites.
Me
enseñaron, como a tantos, que es mejor ser precisos, hacer foco, distinguir:
esto sí, esto no…Ahora la incertidumbre es cómo será la realidad, si existe una verdad común y general, si es justamente lo que me indica el cristal…
Hoy creo en esa realidad sin bordes o, mejor dicho, quiero creer en la realidad sin límites. Tal vez sea mejor una línea difusa (y propia), ese pasaje abierto entre figura y figura, esa imprecisión de fondo.
Entonces me corrijo y me saco las gafas: Desde que nací, para mí, la realidad no tiene bordes.
Nueva libertad
Tuve un
sueño:
Un
pajarito hizo nido en una macetita, en ella había un verde cactus.
El
pájaro creció hasta que no tuvo más lugar para desarrollarse en la maceta.Lo vi aprisionado, contenido, limitado. El cactus lo abrazaba.
Traté de salvarlo, para hacerlo tuve que desprender de la piel con plumas suaves una parte del espinoso cactus. El ave salió herida, estaba liberada pero herida, no volaba, no se movía casi, pero parecía aliviada en la novedad de la libertad.
Yo lo acariciaba con ternura, revisaba de paso su salud, su integridad.
Allí estaba como siempre A que se acercó y me hizo compañía.
Desperté inquietada y lloré.
(...)
15 de enero
Adela
María
Regaba
las plantas con tachitos
con
agujeritos, (agujeritos que ella misma hacía).
Tendía
las sábanas sobre las matas de margaritas dobles.
Lavaba
la ropa con extracto de blanco
(que a
simple vista se percibía azul).
Lavandera,
tejedora, cocinera, labradora.
Incansable.
Puntual
para servir la mesa y dar la comida.
Tenaz
con la tierra que cultivaba.
Amorosa
con sus nietas y sus tres hijos varones.
Olía a
albahaca, uvas, harina y caramelos de ananá.
Tenía
la piel delicada y el carácter fuerte,
un mechón
negro sobre la frente en su melena plateada,
los cachetitos
redondos color rosa… siempre.
Tenía,
también, la generosa virtud de armar
los
ramos de flores más hermosos,
¡más
enormes!.
Tenía
la capacidad de saber eso,
eso
mismo que tanto deseábamos.
Y tenía
un gallinero
(sin
gallinas por los últimos tiempos)
Para
que nosotras transformemos en casitas.
"La nube va..."
Haciendo equilibrio, dándole la cara al viento, hacia adelante... y ¡la nube va!
Dibujo a pluma sobre papel (boceto)
Dibujo a pluma sobre papel (boceto)
Chica ojos de gato se despide del pasado
Y es tiempo ya de soltar algunas cosas del pasado, de renovar la mirada hacia adelante, de tomar aire, inflar el pecho y suspirar con ruido. De andar. Sí, es tiempo de vivir.
Forzar con palabras
Forzaré con palabras un viaje a nuevos mundos, países alejados del hollín y la cordura. Forzaré con palabras, también, incontables historias de amor desenfrenado. Forzaré con palabras lluvias dulces y vientos que traen desvelo (o vigilia).
No forzaré un olvido porque ya me olvidaste.
Pero forzaré (como Abelardo) una ciudad, la ciudad de mi infancia, en donde vos no vivas, ni siquiera visites.
Forzaré con palabras un “gracias por la música” y un “sí, claro… nos vemos”.
Una partida.
Hora de guardar
Guardo para tu recuerdo
un suspiro, una flor violeta
y un espacio rellenado con silencio.
Guardo para tu recuerdo también
un perfume que me inventé,
una mirada esquiva y temerosa,
junto con eso que no te dije
y el deseo de que me hayas querido
un poco o un rato.
Para tu olvido guardo
mi espíritu impaciente
y tus dibujos que en verdad son míos.
Guardo las ganas de despedirme.
Para un olvido mutuo
sólo guardo tres cosas:
una música lluviosa,
un tren y un pájaro.
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