Llegar a pie

Bajé de la bicicleta. Caminé por la avenida, tomé  por una calle y al rato reparé que no reconocía el paisaje. Me adentré en la noche y me perdí, suelo perderme todavía. Volví sobre mis pasos, siempre lo hago, necesito retomar por los caminos conocidos, entonces continué por la avenida M. García. La noche persistía pero ví mas claro. Ví que era joven todavía y que podía caminar con mis dos piernas sin temor (sin necesitar de la tercera pierna como dice Clarice).
En la mesa éramos varios, bebimos y reímos y gritamos. En la conversación creo que te nombré tres veces. Ellos me hablaron de sus viajes (yo era la única que no había viajado a Europa en toda la mesa), me hablaban de sus aventuras y de sus mujeres en esas aventuras. Quise ser una de ellas por un momento pero soy esta, la que ríe, escucha y aprende a ver.
Mi amigo S me habló de París y me dijo que era como viajar a otro planeta, lo citó a Julio (Cortázar) y dijo algo que tenía que ver con “anhelar volver”. Yo anhelo volver pero nunca he ido, será porque leí Rayuela.

S y yo decidimos partir antes, parte de nuestro regreso era hacia la misma dirección, me acercó en su bicicleta (y el viaje también fue en el tiempo - yo tuve un novio que me llevaba en su bici así, - le dije). Nos separamos en una esquina luminosa de la avenida, bajé de la bici y seguí a pie. Al sur de la ciudad no hay motivos para temerle a la noche.

Manifiesto para futuro grupo de 4 mujeres grabadoras (borrador)

Proyecto para “Somos cuatro”

Puente Ahora/tiempo Puente

Río-sonido-ardor/der = fuego

Ecuación

Las ecuaciones nunca han tenido sentido para mí. Lo cierto es una incógnita  o una variable (¿)

Ese día hablamos del puente, de la idea puente o del puente como idea… si es una idea entonces creo que contiene otra idea esencial que es la de atravesar (a través de). Y atravesar implica transitar la vivencia como un hecho de máxima conciencia (creo). La conciencia de lo que no sabemos, la conciencia de lo que puede ser, la conciencia de lo que puede ser será hermoso, la conciencia de la duda, la conciencia de continuar a pesar de la duda, la duda como motora de sentido, el sentido es múltiple.
Somos cuatro partes de un todo dentro de otro todo y aquí la teoría de los conjuntos. Nunca fui buena en matemáticas pero la teoría aplica en nuestro caso. Somos cuadro autónomas partes enteras, somos cuatro con la energía de la unión y la realización, la reflexión sobre lo que es posible.
Si la idea puente implica atravesar entonces es claro que compromete movimiento y el movimiento es un hecho transformador.
Arder en el movimiento que transforma el hecho de atravesar un puente con el poder luminoso de lo posible
(Ahora y continuamente).
Arder.

La matemática es simple a veces.


Rincón favorito

Cuando aterricé en el departamento busqué algún lugar que tuviera pinta de rincón favorito. Había una ventana en donde la luz en determinadas horas del día dibujaba finas figuras y perfiles en la pared, fue entonces ahí donde acomodé el sillón y el resto de la dinámica de las cosas dependió de eso: libros, cajas sin abrir, pequeños muebles, algunos elementos del taller, entre otros paquetitos perdidos, armaban una ronda alrededor de la ventana prodigiosa. Ese se ha ido convirtiendo en mi lugar estratégico para pasar largas horas callada y sin música. 


El segundo día me senté ahí, casi por accidente, y me sorprendió un pedazo de cielo celesterosado atardecido. En ese momento yo no me encontraba sola pero logré la concentración suficiente como para contemplar y ausentarme. E entendía a la perfección mis largos ratos en silencio, solo cuando pasaba mucho tiempo me preguntaba, de un modo casi automático: ¿qué te pasa?, siempre mi respuesta igual de seca era “nada”, pero ese día, sin desviar la concentración y con una mueca de regocijo le dije: miro el cielo.

Pis

Cuando llegué a la playa con Lau ya tenía ganas de irme a casa (a la seguridad de la casa en Buenos Aires). Tenía mucho calor, ¡bah! todos teníamos mucho calor, el clima del mar estaba siendo sofocante por esos días, “enero siempre es bueno” dicen.
Igualmente llegué simulando calma, tendí mi lona y me fui automáticamente al agua. No soy de adentrarme mucho en el mar, más bien soy como las señoras y los niños que se quedan un poco más allá de la primera rompiente. Aprovecho entonces para que el agua, la espuma y los objetos extraños que trae el oleaje me masajeen las piernas.
En la orilla me reuní de nuevo con mi hermana, ella sonreía, yo también. Necesité decirle que me hacía pis como quien dice me pica o me duele o tengo sueño. Ella me dijo: “ah, pero yo hago pis en el agua”. Yo no dije ni si ni no, dejé mi cara con una mueca creo que de desconcierto, a lo que ella me dijo: “¿y dónde vas a hacer si acá no hay nada?. Le expliqué que el frío del agua me congelaba las ganas, que no me metía tanto al mar como para que me tape, que me daba cosa y bla bla. Fue entonces cuando ella me explicó su técnica con demostración y todo.
“¿Pudiste?” me dijo al rato de que unas cuantas olas nos revolcaron por la arena desatando nuestras mallas, “no” dije, “¡ah no, vení! no te vas a quedar incómoda toda la tarde”. Aproveché el envión y el empujón de Lau y seguí su consejo, hice fuerza al fin. “¿Pudiste?. Yo reía, las dos reíamos y reímos por un rato como niñas traviesas y nos quedamos mas tiempo entre las olas jugando.
- Estoy llena de arena, le dije.

      - ¡Vamos!

Carta breve

Hola.
Hoy recordé cuando volvíamos ebrios de alguna fiesta y cogíamos al lado del hogar.
Estoy saliendo con alguien ahora.
Esta noche me encontré sola y sin poder dormir así que me emborraché con una medida doble de whisky. Se me vino a la cabeza tu voz repitiendo siempre el mismo consejo: después de tomar comer pan antes de dormir, absorbe el alcohol y te evita la resaca.
Por suerte tenía pan.

Saludos a tu pabre.

Trepar

¿Nunca te subiste a un árbol? Me preguntó y lo dijo con un tono desesperado por saber de antemano que mi respuesta sería “No, nunca”, yo tenía 17 años. “¡AAAAH NOOO! ¡Crucemos a la plaza ahora TODOS! ¡¡hoy Melisa se va a trepar a un árbol por primera vez!!. Lo proclamó con alegría. (Estábamos en medio de una clase de la Cátedra de video) Todos se mostraron entusiasmados con la idea, entonces no me quedó otra que cruzar. Recuerdo difusamente lo que vino después, creo que llegamos cantando y creo que ni lo pensé de nervios nomás. Me parece que ni elegí yo a la especie que me ayudaría a superar el miedo. El me dijo “este”. Y me subí a un arbolito de la placita de Quilmes.
Cada vez que decido emprender acciones por primera vez recuerdo ese día y a mi amigo Manuel.

Todas las mujeres somos madres

Todas las mujeres somos madres es el título de una nueva serie de dibujos que, seguramente, darán vida a estampas, en la cual intentaré desarrollar el deseo/rol/imposición social/condición biológica/ideal///// ligado a la maternidad. Entonces elijo hablar a través de la imagen de "lo maternal" que anida en todas las mujeres de diferente forma, hayan parido o no.
Motivada definitivamente por el infeliz comentario de un hombre que me ha dicho "todas las mujeres después de los 30 están desesperadas por tener un hijo" inicio mi labor desde el lugar mas hermoso del genero femenino: la acción creadora.
Yo quiero ser madre. Ahora soy mamá amorosa de Grisel, mi gata, y madre orgullosa de mis pensamientos y acciones.
Joder!



1º Boceto. Fibra. 2015



Que se le conceda a la humanidad la lucidez de dejar de ver (solo) los contornos.

¿¡Cómo no vas a enamorarte de ella si es la propia belleza de la mujer imaginada!? Fina, dulce, delgadísima como una espiga y alta (mas alta que vos por cierto).


Me pregunto, apropósito de esta noticia de que te has enamorado, si existirán hombres que logren (deseen) correr los márgenes de la belleza ideal, exquisita y externa (principalmente externa). Si alguien encontrará belleza soñada en las cicatrices de mi cara, si dejará de ver el defecto de mi dentadura, si no centrará importancia en el diminuto tamaño de mis pechos, si logrará amar el desorden de mi pelo, la punta de mi nariz enrojecida cuando lloro, la chuequera leve de mis piernas, la inmensidad de mi espalda, la pequeñez de mis ojos.

Pues prefiero que se le conceda a la humanidad la lucidez de dejar de ver (solo) los contornos.

¿Qué hacer con las partes?


Collage de estampas 
2015



¿Qué hacer con las partes?
No se trata de reconstruir con las partes sueltas que han quedado de mí
Dispersas (disipadas) por ahí.
Tal vez sí exista el despojo.
Nada tengo, no se trata de tener.
Tal vez exista el despojo como rito de refundación. Como grado cero.
Nada espero ahora. Esperar no era una acción.
Tal vez exista el despojo desde donde saltar.
¿Salto que eleva?
¿Salto que deja caer?
Saltar y quedar suspendido, suspendida.
No se trataba de esperar, pero volví a esperar de mí, de vos, algo, qué.
Volví.
¿A dónde?
Ya no soy ninguna de esas partes desarticuladas que me mantenían clavada
 en el soliloquio.
“Sé que soy lento, que con vos fui más lento todavía” me dijiste.
Te regalo la parte que fui mientras duramos en ese presente. Acá está.
Tomá.


(Febrero 2015)

Reirse de la bestia


Foto antigua intervenida
2014

La teta y la flor



Waterless
2014
miniprint

Refundar



Estampas
2014
trabajo en proceso

Estas son solo anotaciones en un papel.

Amé, me amaron, me aman, amaré
Curé,me curé
Me abandonaron, abandoné, abandonaré
Me encontrarán, me encontré, encontraste
Lloré, seguiré llorando
Reiré, reís, me río
Temo, muevo, no temo más.
Grité, callaste, grité más.
Vuelvo, no volverás.
Estas son solo anotaciones en un papel.


CV

Relato de nacimientos

Nací en la provincia de Buenos Aires, en una ciudad pequeña en pleno desarrollo industrial, con casas con jardines en los fondos y porches con canteros a la entrada, por supuesto con perros y con gatos; calles poco arboladas, siestas, horas largas, niebla y escarchas invernales, chicharras y uvas todos los veranos.
Crecí casi entre mujeres: mi abuela paterna, de ella heredé el amor por la tierra, las labores y la comida, mi madre,  que me acerca a un mundo mas pequeño y detallista, de zurcidos, costuras, suturas y transformaciones y mis hermanas mayores, de ellas guardo el tiempo invertido en juegos y meriendas.
Mi padre ha sido por esas épocas un fiel guardián y proveedor. Productor y artesano del vidrio y la madera.
Quise partir de mi casa natal y del barrio que ya conocía de memoria a los 22 años. Entonces dejé que Buenos Aires me adoptara por amor. El ritmo de la ciudad grande, el olor, el peso y sus breves espacios de sol.
Durante 12 años crecí a la luz del amor de un mismo hombre.
Hace unos meses he muerto. En vida he muerto. Y durante este drástico duelo, donde me han matado y he matado, me he vuelto a mudar, siempre por los suburbios de Buenos Aires y rozando algún tango, siempre por los lindes de esta ciudad que me contiene en el abandono y que muta a la par de mí o así lo percibo.
El barrio que hoy me alberga es como un pueblo y tiene lo que un buen pueblo debe tener: el poder de sus calles misteriosas que provoca que camines en círculos siempre y que a su vez develes alguna que otra verdad logrando así agrandar el perímetro de contención muy lentamente.
En el departamento que habito aún no me encuentro. Necesito un escritorio, cajones, estantes y espacios de guardado… pero todas las mañanas canta un pájaro despertador y saco la cabeza por la ventana y logro ver el cielo y entra así la luz en mi retina.
Como dije antes estoy muerta, haciendo lo que debo (o al menos creo que debo) para renacer. En el pasaje entre mi primera muerte y lo que espero sea mi segundo nacimiento aprendo a verme, a ver, a conocer, a reconocer, a aceptar y a disfrutar. En este pasaje solitario lavo la pena, descubro la herida, desato la tristeza, hablo sola, lloro mucho, mientras escribo y dibujo muy, muy, muy lentamente.
 Estoy muerta, respiro igual, crezco a pesar y se desarma la armadura, estoy viva sin embargo, pero no puedo anticipar, ni sospechar. Duermo. Me despierto siempre. En la muerte estoy viva, esa parece ser la tarea: vivir la vida una vez más.



Inspirado en el relato de Italo Calvino “Curriculum Vitae”



Soy de los márgenes

Soy de los márgenes. Vivo desde mi nacimiento en los bordes de una ciudad que ignoró su río, que lo dejó secar. Supongo que gracias a esa costumbre, es que vivo los límites, que provoco los bordes y las aristas. Que el amor me pincha, me raspa, me arde. Que transito las emociones hasta las orillas, que si me sale llorar lloro a cántaros, que si me nace reír río a gritos.
Entrego todo el amor que tengo hasta secarme, como ese río, a quien no puede recibirlo. Y el amor vuelve a nacer otro y vuelvo a entregarlo como ofrenda reverdecido.

Soy de los márgenes. 

Solo escribo a modo de rito

¿Qué hiciste durante esta mañana tan gris que no viniste a buscarme? Hubiéramos podido tomar mate, caminar por el barrio debajo de la llovizna, reírnos a carcajadas de nosotros mismos, mirar una película, dormir la siesta, sorprendernos de algún rayo de sol. Hubiéramos podido dibujar juntos, charlar, contarnos nuestras preocupaciones, ilusionarnos.
¿Qué hiciste durante este día tan gris que no saliste corriendo de tu casa hasta la mía? Hubiéramos podido aprovechar el último frío del invierno antes de que comenzara nuestra primavera, hubiéramos podido abrazarnos largamente, hacernos cosquillas, besarnos los ojos, acariciarnos el pelo.
¿Qué hiciste durante esta tarde tan gris que no gritaste desde tu casa hasta la mía y no llegaste volando sobre un pájaro de muchos colores aterrizando en mi balcón? Hubiéramos podido sacar el sol de entre las nubes y esperar la noche, pintar las estrellas, imaginarnos el futuro, pelearnos y reconciliarnos otra vez.
¿Qué hiciste durante esta noche gris que no viniste a decirme que me querías? Hubiéramos podido pedirnos disculpas, hacer las paces, festejar mi cumpleaños o el tuyo, hubiéramos podido compartir la vida un rato siquiera de un día como este, tan lluviosa, tan gris… tan inimaginablemente nuestro.

¿Qué hiciste durante este día tan gris que no me pediste que fuera hasta tu casa?

La rana

La rana estaba en el frasco, el frasco estaba lleno de agua. La rana nadaba con esmero para llegar a la superficie y respirar, se estiraba, lo más que podía, sacaba la nariz y tomaba aire, se hinchaba de aire, luego repetía la secuencia dependiendo de la necesidad de respirar. Yo la observaba, me costaba reaccionar ante la urgencia de la rana, tenía doce años, me habían pedido en la escuela que arme un acuario, no contemplé la diferencia de la especie. A tiempo le armé una escalerita con piedras adentro del frasco, la rana, sin dudarlo, usó la escalera para trepar a la superficie, salir y escapar de mi ignorancia. Dió dos saltos, solo dos, del borde de su pequeño infierno al pasto y del pasto a la casa del vecino, ese último paso a su adorada libertad fue de por lo menos, cuatro metros de alto por diez de largo. Hoy particularmente recuerdo a esa rana .