Vuelvo...

El dibujo me permite no solo imaginar sino concretar, realizar, ponerme en acción, sentirme poderosa y también vulnerable.
Pero vuelvo a la fuerte idea de imaginar: me reconozco fantasiosa, eternamente adolescente, ingenuamente crédula, tremendamente ilusa y el dibujo me deja ser así. En el espacio del punto y la línea no hay conflicto, todo es. Cada vez que me sumerjo en el infinito cosmos de papeles y colores me cuesta volver, igual vuelvo, a veces con alegría en el corazón, como una niña que recibe su mejor regalo, el más esperado; y otras veces, vuelvo, simplemente.

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